Manos mundo

El cambio está en nuestras manos

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La culpa es de los políticos. De las empresas. De la Municipalidad. Del vecino. ¡Del sistema! ¿Y nosotros? ¿Tendremos algo que ver con el mundo en el que vivimos? ¿Alguien tiene una remota idea de la revolución que supondría que mañana cada uno de nosotros haga una pequeña contribución positiva extra para cambiar el estado de cosas que nos disgustan de nuestra sociedad? Sería impresionante, y al mismo tiempo sería extremadamente fácil. Está en nuestras manos, ¿pero somos conscientes del poder que tenemos como miembros de la sociedad en la que vivimos?

Cada acto de consumo es político. Cada hecho cotidiano inclina una balanza invisible hacia uno u otro lado. Hacia el lado de un mundo diferente —ese al que tanto aspiramos— o hacia esta realidad que vivimos hoy, que conduce a un agotamiento de recursos, hacia el mundo con el que muchos de nosotros estamos en desacuerdo pero no hacemos nada para comenzar a cambiarlo. Siempre existen excusas. ¿Será hoy el día de transformarlas en pequeñas acciones para comenzar a inclinar la balanza hacia el lado de una vida más genuina, honesta y coherente con nuestros anhelos más profundos?

Somos muchos, muchísimos, los que queremos un cambio. Somo pocos, poquísimos (todavía), los que hacemos algo para que suceda. Les propongo unirnos para multiplicar esas ganas de cambiar nuestra vida cotidiana. Sumadas, esas simples e ínfimas vidas cotidianas son una ciudad, un país… el planeta. El mundo se puede cambiar, de hecho en este preciso momento hay cantidad de gente que trabaja para ello, pero están invisibilizados porque al sistema en el que vivimos no le resulta demasiado provechoso que nos convirtamos en seres independientes, que deciden conscientemente sobre cada acto cotidiano, y sobre todo acerca de cada acto de consumo. Con verdadero criterio propio para decidir sobre nuestras vidas.

Manos mundoImagen: © Gonzalo Arango

La palabra clave es «empoderamiento». Empoderarse significa adueñarse de lo que siempre fue propio: nuestra capacidad de ser mejores, de respetar a la Madre Tierra, a nuestro cuerpo, a nuestro entorno, los ciclos naturales de nuestro organismo y del organismo vivo que nos cobija: nuestro planeta. La humanidad está forzando demasiado al planeta y a sí misma. Y así (sobre)vivimos: estresados, enfermos, anestesiados consumiendo drogas legales —que ya ni registramos como tales— simplemente porque la publicidad masiva nos ha lavado el cerebro para pensar así.

¿Alquien recuerda que nuestros abuelos, cuando estaban nerviosos o ansiosos, simplemente se preparaban un té de tilo, en muchos casos que ellos mismos cultivaban en el fondo de su casa o en su balcón? El capitalismo se ha encargado de hacernos creer que es primitivo y de gente ignorante preservar ciertas costumbres como esa. Quienes las preservamos e incentivamos, sabemos de primera mano que no es así, sino todo lo contrario. Y lo demuestra el movimiento mundial que regresa a los productos naturales, a las hierbas curativas que además alimentan el cuerpo y el alma, al cuidado (y amor) hacia nuestra Pacha Mama.

Despertemos. Eso repercutirá inmediatamente en nuestro bienestar general. Es la más simple de las alquimias, ya la conocían nuestros pueblos originarios, pero la mayoría de nosotros la hemos perdido por dejarnos conducir como rebaño de ovejas por un sistema que pretende pensar por nosotros para que creamos «más cómodo» dejar de reflexionar sobre nuestras vidas y compremos soluciones estandarizadas listas para usar. No somos cobayos de laboratorio sino individuos únicos.

Empoderémonos y retomemos el timón de nuestras vidas, decidamos conscientemente acerca de qué comemos, qué compramos, qué desechamos, qué leemos, en qué ocupamos nuestro tiempo libre, con qué calidad y cantidad de materiales alimentamos nuestro espíritu, alma, corazón y cerebro día tras día. Justamente nuestro tiempo libre es eso, libertad, el más precioso y escaso de los tesoros. Cada minuto de tiempo libre vale oro y como tal deberíamos utilizarlo. Sumando voluntades, informándonos y empoderándonos, no hay modo de no mejorar nuestra calidad de vida. Pero lo más importante es tener muy clara la premisa inicial: el cambio debe nacer de nosotros, en nosotros, de adentro hacia fuera.

Julián Chappa · Editor

Un pensamiento en “El cambio está en nuestras manos

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